“LA VOZ A TI DEBIDA”, De Pedro Salinas (Spanis

Essay by EssaySwap ContributorJunior High, 9th grade February 2008

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Aunque Pedro Salinas (1891-1951) fue catedrático de literatura y, en esa estela, un gran ensayista, en sus últimos tiempos aún, narrador y hasta dramaturgo de sesgo intelectual; para la mayoría, -por lo menos para esta humilde estudiante-, sigue siendo fundamentalmente poeta -su mejor voz, la más nítida- y poeta amoroso. Es el autor de dos libros inmediatamente anteriores a la Guerra Civil española, donde cantaba el apasionado amor por una mujer que <<desaparece en los pronombres>>, quizás entre otras causas (o casualidades) porque no se trataba de su esposa; me refiero evidentemente a <<La voz a ti debida>> (1934) y <<Razón de amor>> (1936). Pedro Salinas se había iniciado como poeta -tras un corto preámbulo tardomodernista- de la mano del más moderno Juan Ramón Jiménez, con el libro <<Presagios>>, en 1923. Y aquí es poeta delgado, acristalado y puro, como al final, en textos como <<El contemplado>>, de 1946 (escrito en su exilio puerto riqueño), vemos ya a un meditador sereno, como el mar que contempla y testifica, Salinas no dejó de ser un alto poeta siempre, pero -debo repetirlo nuevamente- el largo poema que es <<La voz a ti debida>> y los poemas varios y unidos, imantados a un centro, de <<Razón de amor>> más el epilogal <<Largo lamento>> -menos conocido, incluso por mí, ingenua admiradora de la poesía de Salinas-, son su gran creación, pues podría decir que, en ellos, inventó la más contemporánea voz amorosa.

No es ésta de Salinas -aunque la pasión esté, y poderosa, al fondo- una expresión romántica o desbocada. Es el amor psicológico, el amor sentido como pensamiento, pero también como cotidianidad, el amor que ocurre en la mente, aunque sean los cuerpos quienes lo muevan y expresen más de inmediato: <<Cuando cierras los ojos/tus párpados son aire./Me arrebatan:/me voy contigo, adentro>>.

Frente al amor concebido como fuerza volcánica -uno bien conocido por la mayoría de las féminas de nuestro planeta; pero nada recomendable sí se me permite aclarar-, Pedro Salinas (poeta urbano, de ciudad moderna y de sus usos) descubre la expresión de las situaciones amorosas cuarteadas e íntimas (el inquirir hasta descubrir -<<Agua en la noche, serpiente indecisa, silbo menor y rumbo ignorado: ¿qué día nieve, qué día mar? Dime. ¿Qué día nube, eco de ti y cauce seco? Dime.>>-, el sobreentender, el negar para afirmar en un juego erótico que supera los celos, el valor amante de los minutos...) y todo ello lo celebra o asume en unos poemas de verso desnudo, ágil, clarividente, antiretórico -todos sabemos que el amor nunca entendió de retórica- heredero de la idea vanguardista de depuración (con alma), pero también de la más clásica de comunicación y equilibrio: terror terrible, es la felicidad que pasa por la vida del amante y huye inconsciente y voluble sembrando la tristeza; dejando tras de sí el agridulce recuerdo.

¿Qué detalle podría extraer de este sublime poema; sin que ello significara un atentado sacrílego, un descuartizamiento atroz de un contexto que no lo merece? Y es que es complicado fijarse en un aspecto y olvidar el resto; hablar de la temática y condenar el lenguaje, estudiar los personajes ocultos y marginar la lírica... No, permítame el lector que hable del amor; el amor que se trasluce, el amor que evoca, el amor que me seduce; que me hace desear ser la mujer que se oculta, que se desvanece tras esos pronombres. Déjeme que le explique, que en un intento algo cobarde quiera ser partícipe de esos versos elocuentes, que mienta y anule el contexto en pro de un detalle; el centro de una explicación, el amor. ¿Cómo introducir este tema, este peligro? Primero y para mayor satisfacción y tolerancia del lector aclarar que también <<esta humilde estudiante>> se encuentra subyugada por ese tremendo y caprichoso sentimiento. Sin vergüenza, porque no es un crimen ser feliz, ¿o sí? Y comienzo en la cubierta, me fijo en el título, y desde ese instante ya quedo cautivada: <<La voz a ti debida>>, qué brillantez, y sigo con el texto y leo, leo cómo las cosas habían dejado de existir: habían perdido su gusto, su significado (por eso el olvido que tanto menciona el poeta), y ahora gracias a Él -perdón a Ella-, vuelven a tener gusto y significado. Él -perdón, Ella- es la potencia que da gusto y significado a mi vida -perdón, la suya-. Mi voz, dice Salinas, mi verdadera voz, es "la voz a ti debida". Él queda maravillado al oír incluso la palabra más simple cuando Ella la dice: antes no significaba nada; ahora está cargada de significación porque Ella es el contexto -el mundo del poeta-.

<<La palabra "mañana" iba por ahí, suelta vacante, sin alma y sin cuerpo. Pero de pronto Ella la pronunció: ¡Mañana! Qué palabra toda vibrante, tensa del alma y carne rosada cuerda del arco donde tú pusiste, agudísima, arma de veinte años, la flecha más segura cuando dijiste: "Yo..." (V 229-236).

Salinas quiere crear un mundo -el mundo de los amantes, créame es muy diferente al mundo del "resto"-, con palabras vírgenes... ¿Qué similitud encontramos con el ahora? ¿Cuántas veces nos quejamos los amantes-amados de la inexistencia de conceptos para expresar la hondura de nuestro pensar y sentir? La fuente de virginidad está en la voz de Él -perdón, Ella-, capaz de hacer aparecer todo un mundo nuevo, por arte de magia. Magia: "Y no más nombres ya, no más maneras/de conocernos que esas señas leves"...

¿Y qué buscaba nuestro poeta? Lo absoluto. ¿Qué buscan todos los amantes? Lo absoluto. ¿Qué es nuestro poeta en este caso¿ ¿Un conceptista como defienden algunos críticos (ignorantes, sí se me permite el apunte subjetivista)? No, es un místico, un mago del amor. Los magos encuentran su absoluto dentro de su gran chistera oscura; los amantes buscan en la oscuridad de su alma, de su razón, el absoluto: Ella/Él.

No es cierto, pero aún así me gustaría pensar que Salinas, éste gigante de la poesía española, escondió a su amada entre pronombres para que todos ellos pudieran ser sustituidos por nuestros propios nombres. Un aliento sería entonces; en boca de un varón un canto al amor de cualquier mujer, pero única... Porque como bien sabemos cada pareja es única, cada amante, cada amado. ¿Es este poema un regalo del poeta a todos los amantes? Yo creo que sí...

<<¿Sabes tú el nombre?... En ese paraíso de los tiempos del alma, allí, en lo más antiguo, es donde está tu nombre.>> ¿A quién le habla el autor? ¿A una enigmática amada? O quizás sea un mensaje velado a los amantes en general; ellos/ellas sí saben el nombre de sus amados/amadas; lo llevan escrito en su alma, en su corazón.